El viaje en tren ha sido una de cal y otra de arena. Por un lado, nos han ofrecido gratis una bebida y un aperitivo (unos montaditos y tal...), pero como acabábamos de hacer un desayuno continental y medio cada uno, tuvimos que decir lo de 'No, thanks'. Aunque luego si que cayó un zumito de naranja (para algo que nos dan gratis y no lo cogemos). Y claro. Los trenes a mi no me tienen mucho aprecio, así que un viaje que en principio duraba 1h y 57 minutos, ha terminado durando 2h y 50 minutos. Casi una hora tarde. Si, en el tren, cada 5 minutos nos pedían disculpas por el retraso y paso el de las bebidas con unos vasitos de agua para hacer mas llevadera la espera. Al final, llegamos a Amsterdam y allí empezó el calvario.
No os asustéis, que no ha sido para tanto, pero es que bajamos del tren y aquello parecía las rebajas de El Corte Ingles en los años 80. Una marabunta de gente para todas partes que si te parabas te pasaban por encima.
Al salir de la estación, más de lo mismo. En mi vida he visto tanta gente junta en un sitio tan grande sin haber ningún evento. Fuimos andando hasta el hotel, el cual encontramos perfectamente, pero entre el calor que hacia (un sol de justicia) y la marabunta humana que iba por la calle y por la plaza (el Dam), llegamos chorreando sudor por todas partes.
Tras ir a la habitación, que se parece más al IBIS de París que al Sandton de Bruselas (es que el hotel de Bruselas era mucho hotel) y cambiarnos de camiseta, salimos a buscar algún sitio para comer (eran ya las 15:00h). El problema era más el decidir que el encontrar. Aquí hay tiendas, restaurantes, bares, coffe shops, etc. por todas partes. Por la hora no nos quedaba más que tirar de comida rápida, así que nos decantamos por el Burguer King, que la hamburguesa es más grande, porque en los 3 McDonald's que vimos no nos apeteció entrar.
Además de gente por la calle, en Amsterdam hay bicis. Miles de bicis por todas partes (y no exagero). He estado a punto de morir atropellado en varias ocasiones por una bici y solo llevamos aquí unas pocas horas (aquí a lo mejor si que estoy exagerando un poco).
Después de andar un buen rato, llegamos a un mercado de flores. Unos invernaderos a modo de casetas de mercado llenos de flores, bulbos y semillas que recorren parte de la ribera de uno de los canales. Algunos estaban cerrando, pero nos dio tiempo a verlo en condiciones.
Los pies ya empezaban a pedir un respiro, así que decidimos entrar a un mercado junto al Palacio Real para coger un par de Fantas y tomarlas fuera sentados en unas escaleras tomadas por la gente a modo de terraza barata. Tras formar parte del paisaje un buen rato en esas escaleras, decidimos ir al hotel a descansar, porque el calor y los pies nos matan.
Un merecido descanso y de nuevo a la calle. Esta vez nos vamos al Barrio Chino, también conocido como Barrio Rojo, en el que tras unos escaparates iluminados con neones rojos y luces ultravioletas posan las prostitutas esperando a que entren los clientes. Si eso no sucede pronto, son ellas las que abren la puerta e invitan a los posibles clientes a pasar con ella.
Un pequeño paseo por las calles abarrotadas (son las 22:30 y esto sigue lleno de gente) y al hotel a dormir.
Mañana será otro día.
Agur
Muy instructivo. jajajaja!!!
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